" si imaginas lo que va a pasar encontraras el caos"
" por que la verdad no existe, solo existe lo que vemos"
" y si no te crees lo que ves, jamas resolveras el enigma"
viernes, 22 de enero de 2010
SANSÓN Y DALILA
Sucumbir a la tentación
EL MITO BÍBLICO DE SANSÓN NOS PRESENTA LOS RESULTADOS TRÁGICOS DE UNA PASIÓN MAL DIRIGIDA QUE PUEDE INTERPRETARSE, A CIERTO NIVEL, COMO UN ALEGATO MORAL CONTRA EL HECHO DF SUCUMBIR A LA TENTACIÓN. PERO LA RELACIÓN MISTERIOSA ENTRE LA FUERZA DE SANSÓN Y SU CABELLO, Y EL QUE QUEDARA CIEGO A MANOS DE LOS FILISTEOS, REVELAN SIGNIFICADOS PROFUNDOS QUE PUEDEN ENSEÑARNOS EL PAPEL QUF LA PASIÓN DESEMPEÑA MÁS EN EL AUTODESCUBRIMIENTO QUE SOBRE LAS NORMAS ÉTICAS POR LAS CUALES LA SOCIEDAD NOS EXIGE QUF VIVAMOS NUESTRA VIDA DE RELACIÓN.
ANOAH el israelita sufría porque su esposa era estéril y no podían tener hijos. Entonces Manoah rezó al Señor. El Señor lo escuchó y le respondió, y así fue como nació Sansón.
Sansón creció fuerte y alto, y el espíritu del Señor lo dotó de gran cólera y de una fuerza extrema. Un día vio a una filistea y la deseó como esposa. Pero, en esa época, los filisteos ejercían su poder sobre los israelitas, y sus padres le preguntaron si no podía encontrar mujer entre las de su propio pueblo. Pero Sansón estaba determinado, y promover su cólera podía resultar muy peligroso. De modo que, al final, tomó a aquella mujer por esposa. Más tarde se cansó de ella y se la entregó a uno de sus compañeros. Pero sucedió que cierto día Sansón fué a visitarla y su padre no le permitió verla. Montando en cólera, Sansón quemó toda la cosecha de cereales de los filisteos. Cuando estos averiguaron quién había sido el autor de tal desmán, se vengaron quemando a su esposa y al padre de esta. En represalia, Sansón mató a filisteos, los cuales intentaron vencerlo y capturarlo, si bien no lo lograron. De este modo, el terreno estaba abonado para el odio amargo e inacabable entre Sansón y el pueblo de su esposa.
Cierto día, Sansón fue a Gaza y vio a una prostituta. Se acostó con ella, y los filisteos lo esperaron para matarlo cuando se fuera; pero nuevamente fracasaron en el intento. Más tarde Sansón vio a una mujer de nombre Dalila y se enamoró de ella. Los gobernantes de los filisteos hablaron con la mujer y le pidieron que lo sedujera y descubriera dónde residía el secreto de su gran fuerza, con el fin de poder vencerlo. En recompensa le ofrecieron mil cien piezas de plata.
Dalila intentó una y otra vez que Sansón le revelara su secreto. Finalmente, este se sintió tan harto de su insistencia que se lo contó. Le reveló que si le afeitaban la cabeza, se quedaría sin tuerza. Entonces Dalila llamó a los jefes de los filisteos, les contó el secreto de Sansón y ellos le entregaron las piezas de plata como habían acordado. Después, mientras Sansón dormía en sus brazos, vino un hombre que le afeitó las siete mechas de su cabeza; y con ello a Sansón lo abandonó la fuerza.
Cuando Sansón se despertó, los filisteos lo apresaron y después de colocarle grilletes le sacaron los ojos. Le encerraron en la prisión, y todos los filisteos se regocijaron porque su gran enemigo había sido vencido. Tras permanecer en prisión durante largo tiempo, lo llevaron ante el pueblo para que lo contemplaran. Pero, en ese tiempo, el cabello de Sansón había vuelto a crecer. Lo colocaron atado con cadenas entre los pilares del palacio donde se habían congregado tres mil filisteos para mofarse y reírse de él. Sansón invocó al Señor y se aferró a los pilares sobre los que descansaba el palacio. Arqueándose con toda su fuerza, logró que todo el edificio se derrumbara sobre los filisteos. Aunque Sansón resultó muerto, sus enemigos fueron vencidos.
COMENTARIO.
Las implicaciones obvias de esta historia no necesitan mucha elaboración: Sansón se equivoca; primero, eligiendo una esposa inadecuada; segundo, agravando la enemistad entre israelitas y filisteos; tercero, por su pasión con Dalila (otra amante poco recomendable), y cuarto., por revelarle su secreto. Paga por sus errores y, finalmente, se redime por medio de la destrucción de sus enemigos. Pero es necesario observar más detenidamente tanto los detalles de la historia como el carácter de Sansón, si hemos de comprender las intuiciones que ofrece sobre la naturaleza de la pasión.
Desde el comienzo, Sansón es un hombre airado. El «espíritu del Señor» que lo mueve a excesos es un espíritu ambiguo, porque lo hace violento y obstinado en la persecución de sus propios deseos. Al igual que muchos héroes griegos, Sansón está aquejado de arrogancia. En otras palabras, no comprende lo que es refrenarse y, por lo tanto, no busca contener lo que le impulsa desde dentro. Cuando desea algo, tiene que conseguirlo, y esto incluye la elección de una esposa entre sus enemigos. El amor no juega un papel importante aquí. Lo que percibimos es una pasión alimentada por el atractivo físico que Sansón, impulsado por sus necesidades instintivas, tiene que satisfacer. Cuando se cansa de su esposa, la deja a un lado. Cuando el padre de esta, como es de comprender, no le permite verla después, causa grandes destrozos a los cereales de los filisteos. Y comienza la tragedia. En resumen, Sansón no es una persona confiable. Es violento, arrogante y sin sentimientos. Es el arquitecto de su propia tragedia.
Para Sansón, la tentación debe tener éxito, en vista de que no tiene capacidad para la reflexión. No sospecha de la insistencia de Dalila, porque le impulsan sus emociones e instintos. Al final, lo revela todo y por eso pierde la fuerza.
El cabello —corto, largo, oscuro o claro— aparece en el simbolismo de muchos mitos universales. Incluso históricamente, su importancia simbólica queda clara: los reyes merovingios de Francia, por ejemplo, no se cortaban el cabello porque creían que era una señal de su realeza otorgada, por Dios. Freud asociaba el cabello y los sueños con la potencia sexual y con la fuerza. Cortarse el cabello en sueños puede ser una imagen de impotencia. Pero, a pesar de Freud, debemos recordar que el cabello que producía la fuerza de Sansón crecía en su cabeza, y esta es el asiento de la mente. El cabello puede estar vinculado a nuestros pensamientos. Se trata de un símbolo del poder individual de reflexión, que conforma y orienta nuestra voluntad y nuestra visión del mundo. La fortaleza, en otras palabras, reside en nuestra capacidad de pensar, de percibir el mundo y de procesarlo por medio de nuestra conciencia. Solo de este modo podemos contener los impulsos destructivos y evitar sumergirnos en la emoción ciega. Al dejarse impulsar por la pasión física, Sansón se desprende de su conciencia independiente. Pierde simbólicamente su cabello mucho antes de que se lo corten físicamente, porque ignora el poder de reflexión limitándose a alimentar sus pasiones. Su error reside no en sentirse atraído por las mujeres, ni siquiera en ir por esta atracción hacia lugares impropios. Reside en el modo en que abandona libremente toda su capacidad de reflexión.
Como resultado, Sansón es apresado y cegado. La ceguera, en el mito está a menudo vinculada con la visión interior y con la comprensión que resulta de retirar los ojos del mundo exterior. Tiresias, el adivino ciego del mito griego —a quien encontramos en el mito de Narciso—, es un ejemplo de la sabiduría que se deriva de volver nuestra mirada hacia lo interno. La autoceguera de Edipo es también una imagen de autodescubrimiento. En la prisión, Sansón aprende a mirar hacia dentro; ¿y qué encuentra? El pelo le vuelve a crecer. Obtiene cierta capacidad para el pensamiento y la reflexión. Reza a los dioses que había olvidado y le vuelve la fuerza. Podemos suponer que, a nivel psicológico, este hombre poderoso, acostumbrado a reclamar brutalmente lo que desea, se ve forzado, por las limitaciones de la vida y por su propio fracaso, a reconocer quién y qué es él en realidad, y a acordarse de cuál es el ideal al que sirve. ¿Qué nos puede enseñar esto sobre la pasión en la vida humana cotidiana? Necesitamos equilibrar el poder ciego de la pasión con la visión interna, con la reflexión y con la recuperación de cuantos ideales nos impulsan en la vida. A través de los errores, enredos y daños que causamos y recibimos como consecuencia de la persecución irreflexiva de nuestras pasiones, somos humillados y forzados a volvernos hacia dentro. De este modo, podemos volver a obtener nuestra fuerza y recobrar la individualidad.
La muerte de Sansón puede tomarse también simbólicamente, ya que junto con ese reconocimiento humilde también nos sometemos a una cierta clase de muerte. Tenemos que desprendernos de la arrogancia y de la obstinación y reconocer los límites de la vida. La historia de Sansón revela los efectos transformadores de la pasión, que nos pueden conducir al sufrimiento, pero también a la autorrevelación y a una nueva comprensión de nosotros mismos y de la vida.
Sucumbir a la tentación
EL MITO BÍBLICO DE SANSÓN NOS PRESENTA LOS RESULTADOS TRÁGICOS DE UNA PASIÓN MAL DIRIGIDA QUE PUEDE INTERPRETARSE, A CIERTO NIVEL, COMO UN ALEGATO MORAL CONTRA EL HECHO DF SUCUMBIR A LA TENTACIÓN. PERO LA RELACIÓN MISTERIOSA ENTRE LA FUERZA DE SANSÓN Y SU CABELLO, Y EL QUE QUEDARA CIEGO A MANOS DE LOS FILISTEOS, REVELAN SIGNIFICADOS PROFUNDOS QUE PUEDEN ENSEÑARNOS EL PAPEL QUF LA PASIÓN DESEMPEÑA MÁS EN EL AUTODESCUBRIMIENTO QUE SOBRE LAS NORMAS ÉTICAS POR LAS CUALES LA SOCIEDAD NOS EXIGE QUF VIVAMOS NUESTRA VIDA DE RELACIÓN.
ANOAH el israelita sufría porque su esposa era estéril y no podían tener hijos. Entonces Manoah rezó al Señor. El Señor lo escuchó y le respondió, y así fue como nació Sansón.
Sansón creció fuerte y alto, y el espíritu del Señor lo dotó de gran cólera y de una fuerza extrema. Un día vio a una filistea y la deseó como esposa. Pero, en esa época, los filisteos ejercían su poder sobre los israelitas, y sus padres le preguntaron si no podía encontrar mujer entre las de su propio pueblo. Pero Sansón estaba determinado, y promover su cólera podía resultar muy peligroso. De modo que, al final, tomó a aquella mujer por esposa. Más tarde se cansó de ella y se la entregó a uno de sus compañeros. Pero sucedió que cierto día Sansón fué a visitarla y su padre no le permitió verla. Montando en cólera, Sansón quemó toda la cosecha de cereales de los filisteos. Cuando estos averiguaron quién había sido el autor de tal desmán, se vengaron quemando a su esposa y al padre de esta. En represalia, Sansón mató a filisteos, los cuales intentaron vencerlo y capturarlo, si bien no lo lograron. De este modo, el terreno estaba abonado para el odio amargo e inacabable entre Sansón y el pueblo de su esposa.
Cierto día, Sansón fue a Gaza y vio a una prostituta. Se acostó con ella, y los filisteos lo esperaron para matarlo cuando se fuera; pero nuevamente fracasaron en el intento. Más tarde Sansón vio a una mujer de nombre Dalila y se enamoró de ella. Los gobernantes de los filisteos hablaron con la mujer y le pidieron que lo sedujera y descubriera dónde residía el secreto de su gran fuerza, con el fin de poder vencerlo. En recompensa le ofrecieron mil cien piezas de plata.
Dalila intentó una y otra vez que Sansón le revelara su secreto. Finalmente, este se sintió tan harto de su insistencia que se lo contó. Le reveló que si le afeitaban la cabeza, se quedaría sin tuerza. Entonces Dalila llamó a los jefes de los filisteos, les contó el secreto de Sansón y ellos le entregaron las piezas de plata como habían acordado. Después, mientras Sansón dormía en sus brazos, vino un hombre que le afeitó las siete mechas de su cabeza; y con ello a Sansón lo abandonó la fuerza.
Cuando Sansón se despertó, los filisteos lo apresaron y después de colocarle grilletes le sacaron los ojos. Le encerraron en la prisión, y todos los filisteos se regocijaron porque su gran enemigo había sido vencido. Tras permanecer en prisión durante largo tiempo, lo llevaron ante el pueblo para que lo contemplaran. Pero, en ese tiempo, el cabello de Sansón había vuelto a crecer. Lo colocaron atado con cadenas entre los pilares del palacio donde se habían congregado tres mil filisteos para mofarse y reírse de él. Sansón invocó al Señor y se aferró a los pilares sobre los que descansaba el palacio. Arqueándose con toda su fuerza, logró que todo el edificio se derrumbara sobre los filisteos. Aunque Sansón resultó muerto, sus enemigos fueron vencidos.
COMENTARIO.
Las implicaciones obvias de esta historia no necesitan mucha elaboración: Sansón se equivoca; primero, eligiendo una esposa inadecuada; segundo, agravando la enemistad entre israelitas y filisteos; tercero, por su pasión con Dalila (otra amante poco recomendable), y cuarto., por revelarle su secreto. Paga por sus errores y, finalmente, se redime por medio de la destrucción de sus enemigos. Pero es necesario observar más detenidamente tanto los detalles de la historia como el carácter de Sansón, si hemos de comprender las intuiciones que ofrece sobre la naturaleza de la pasión.
Desde el comienzo, Sansón es un hombre airado. El «espíritu del Señor» que lo mueve a excesos es un espíritu ambiguo, porque lo hace violento y obstinado en la persecución de sus propios deseos. Al igual que muchos héroes griegos, Sansón está aquejado de arrogancia. En otras palabras, no comprende lo que es refrenarse y, por lo tanto, no busca contener lo que le impulsa desde dentro. Cuando desea algo, tiene que conseguirlo, y esto incluye la elección de una esposa entre sus enemigos. El amor no juega un papel importante aquí. Lo que percibimos es una pasión alimentada por el atractivo físico que Sansón, impulsado por sus necesidades instintivas, tiene que satisfacer. Cuando se cansa de su esposa, la deja a un lado. Cuando el padre de esta, como es de comprender, no le permite verla después, causa grandes destrozos a los cereales de los filisteos. Y comienza la tragedia. En resumen, Sansón no es una persona confiable. Es violento, arrogante y sin sentimientos. Es el arquitecto de su propia tragedia.
Para Sansón, la tentación debe tener éxito, en vista de que no tiene capacidad para la reflexión. No sospecha de la insistencia de Dalila, porque le impulsan sus emociones e instintos. Al final, lo revela todo y por eso pierde la fuerza.
El cabello —corto, largo, oscuro o claro— aparece en el simbolismo de muchos mitos universales. Incluso históricamente, su importancia simbólica queda clara: los reyes merovingios de Francia, por ejemplo, no se cortaban el cabello porque creían que era una señal de su realeza otorgada, por Dios. Freud asociaba el cabello y los sueños con la potencia sexual y con la fuerza. Cortarse el cabello en sueños puede ser una imagen de impotencia. Pero, a pesar de Freud, debemos recordar que el cabello que producía la fuerza de Sansón crecía en su cabeza, y esta es el asiento de la mente. El cabello puede estar vinculado a nuestros pensamientos. Se trata de un símbolo del poder individual de reflexión, que conforma y orienta nuestra voluntad y nuestra visión del mundo. La fortaleza, en otras palabras, reside en nuestra capacidad de pensar, de percibir el mundo y de procesarlo por medio de nuestra conciencia. Solo de este modo podemos contener los impulsos destructivos y evitar sumergirnos en la emoción ciega. Al dejarse impulsar por la pasión física, Sansón se desprende de su conciencia independiente. Pierde simbólicamente su cabello mucho antes de que se lo corten físicamente, porque ignora el poder de reflexión limitándose a alimentar sus pasiones. Su error reside no en sentirse atraído por las mujeres, ni siquiera en ir por esta atracción hacia lugares impropios. Reside en el modo en que abandona libremente toda su capacidad de reflexión.
Como resultado, Sansón es apresado y cegado. La ceguera, en el mito está a menudo vinculada con la visión interior y con la comprensión que resulta de retirar los ojos del mundo exterior. Tiresias, el adivino ciego del mito griego —a quien encontramos en el mito de Narciso—, es un ejemplo de la sabiduría que se deriva de volver nuestra mirada hacia lo interno. La autoceguera de Edipo es también una imagen de autodescubrimiento. En la prisión, Sansón aprende a mirar hacia dentro; ¿y qué encuentra? El pelo le vuelve a crecer. Obtiene cierta capacidad para el pensamiento y la reflexión. Reza a los dioses que había olvidado y le vuelve la fuerza. Podemos suponer que, a nivel psicológico, este hombre poderoso, acostumbrado a reclamar brutalmente lo que desea, se ve forzado, por las limitaciones de la vida y por su propio fracaso, a reconocer quién y qué es él en realidad, y a acordarse de cuál es el ideal al que sirve. ¿Qué nos puede enseñar esto sobre la pasión en la vida humana cotidiana? Necesitamos equilibrar el poder ciego de la pasión con la visión interna, con la reflexión y con la recuperación de cuantos ideales nos impulsan en la vida. A través de los errores, enredos y daños que causamos y recibimos como consecuencia de la persecución irreflexiva de nuestras pasiones, somos humillados y forzados a volvernos hacia dentro. De este modo, podemos volver a obtener nuestra fuerza y recobrar la individualidad.
La muerte de Sansón puede tomarse también simbólicamente, ya que junto con ese reconocimiento humilde también nos sometemos a una cierta clase de muerte. Tenemos que desprendernos de la arrogancia y de la obstinación y reconocer los límites de la vida. La historia de Sansón revela los efectos transformadores de la pasión, que nos pueden conducir al sufrimiento, pero también a la autorrevelación y a una nueva comprensión de nosotros mismos y de la vida.
CIBELES Y ATIS
Los peligros de la posesividad
HE AQUÍ UNA VISIÓN DESOLADA Y SALVAJE DE LA PASIÓN CELOSA LLEVADA AL EXTREMO. LA HISTORIA ES ANTIGUA: EN EL CENTRO DE TURQUÍA, EL CULTO A CIBELES TIENE MÁS
DE SEIS MIL AÑOS DE ANTIGÜEDAD. SIN EMBARGO, EL TEMA ES FRANCAMENTE CONTEMPORÁNEO, YA QUE HABLA DE LAS CONSECUENCIAS TRÁGICAS DEL AMOR POSESIVO. AUNQUE EL AMANTE CELOSO ES AL MISMO TIEMPO LA MADRE EN ESTA HISTORIA, MUCHAS RELACIONES ENTRE ADULTOS IMPLICAN SENTIMIENTOS INCONSCIENTES DE DEPENDENCIA INFANTIL Y DE POSESIYIDAD A NTVEL PATERNO. ES POSIBLE QUE LLEVEMOS A NUESTRA VIDA ADULTA ASUNTOS PENDIENTES CON NUESTROS PADRES, DE FORMA QUE ENCARNEMOS LOS TEMAS PRESENTADOS POR ESTE RELATO HE MODO MÁS SUTIL, PERO PSICOLÓGICAMENTE SIMILAR.
CIBELES, la gran diosa anatolia, creadora de rodos los reinos de la naturaleza, tuvo un hijo a quien puso por nombre Atis. Desde el momento en que este nació, se quedó prendada de su belleza y gracia, y no había nada que no hiciera para lograr su felicidad. A medida que él iba creciendo, pasando de la niñez a la juventud, su amor se iba haciendo más profundo, y, cuando llegó a la virilidad, se lo apropió para convertirse en su amante. Además, lo nombró sacerdote de sus misterios y le obligó a hacer un voto de fidelidad absoluta. En consecuencia, ambos vivieron encerrados en un mundo paradisíaco y sellado, en el que nada podía estropear la perfección del vínculo.
Pero Atis no podía permanecer para siempre alejado del mundo exterior, y uno de sus principales placeres era deambular por las colinas. Cierto día, mientras descansaba bajo las ramas de un enorme pino, levantó la vista y vio a una bella ninfa; se enamoró de ella instantáneamente y la poseyó. Pero nada podía quedar oculto a su madre Cibeles y, cuando se enteró de la infidelidad de su hijo-amante, se sintió presa de unos celos terribles. Golpeó a Atis con delirio frenético, y este, en medio de un arrebato de locura, se castró para asegurarse de que nunca volvería a quebrantar su voto de fidelidad. Cuando se recuperó de su delirio estaba mortalmente herido y fue desangrándose hasta morir en los brazos de Cibeles bajo el pino donde había estado acostado con su amada ninfa. Pero, debido a que Atis era dios, su muerte no fue definitiva. Cada primavera, el joven renace para su madre y pasa la rica y fructífera estación del verano con ella. Al llegar el invierno, cuando el sol alcanza su menor tuerza, muere una vez más y la diosa de la tierra le llora, hasta que al fin llega la primavera siguiente.
COMENTARIO.
No es necesario tomar literalmente el incesto entre Cibeles y Atis. El vínculo intenso entre madre e hijo se presta a muchos sentimientos —sensuales, emocionales y espirituales— y no es raro ni patológico que una madre observe el rostro de su hijo recién nacido y encuentre que el niño es bello. Y tampoco es extraño o patológico que el vínculo entre madre e hijo tenga eco más adelante, cuando un joven o una joven intenten buscar, en los brazos del ser amado, cualidades y respuestas emocionales similares a las experimentadas en los primeros años de su vida. La mayoría de las relaciones amorosas contienen elementos de nutrición y dependencia; es, en definitiva, una cuestión de si también hay lugar en la relación para la igualdad y la separatividad. La tragedia de este mito reside en la posesión absoluta que Cibeles pretende mantener sobre su ser amado. Si bien esto tampoco es raro, si no se reconoce o se contiene la posesión, las consecuencias psicológicas pueden ser profundamente destructivas, tanto en las relaciones de adultos como en los nexos madre-hijo.
Cibeles no puede permitir que Atis sea un compañero de su mismo nivel. Desea que quede ligado únicamente a ella, dependiendo en todo momento de ella, y que sea incapaz de tener su vida propia aparte de la de ella. Podemos apreciar ecos de este patrón de comportamiento en cualquier relación en la que una de las partes —femenina o masculina— se resiente de los intereses y de los amigos de la otra parte. Pueden existir celos del compromiso que la pareja mantiene con su dedicación al trabajo o a la creación; incluso puede haber resentimiento ante el hecho de que la pareja se suma en sus propios pensamientos. Esto no es relación, sino posesión. Semejante posesividad absoluta surge invariablemente de una inseguridad profunda que hace que el individuo se sienta amenazado ante cualquier separatividad existente dentro del vínculo. Y tal inseguridad profunda puede invocar sentimientos intensamente destructivos, especialmente si la persona insegura, al igual que Cibeles, no tiene a nadie excepto a su ser amado.
La venganza de Cibeles ante la infidelidad de Atis —que es, en esencia, un intento por parte de este de establecer una identidad masculina independiente— es llevarlo hasta la castración. Esto presenta una imagen terrible y brutal y, afortunadamente, se limita generalmente al mundo del mito. Pero existen niveles más sutiles de autocastración que pueden presentarse en la vida cotidiana. Si alguien busca socavar la independencia de su pareja por medio del poder del chantaje emocional, esta persona, de hecho, está intentando castrar la fuerza de la pareja en la vida. Y si la pareja lo acepta por su temor de perder la relación, entonces se ha producido, a nivel psicológico, la autocastración de Atis.
La locura de Atis puede vislumbrarse en la confusión que la manipulación psicológica puede crear cuando se le impone a una persona que no es suficientemente consciente o no posee la madurez emocional para ver lo que está sucediendo. Imponer sentimientos de culpa, crítica, manipulación emocional o sexual como estratagema de poder, y procurar el aislamiento de la pareja interfiriendo con amistades e intereses externos, son métodos con los que las Cibeles de hoy en día, hombres o mujeres, pueden llevar a su pareja a un estado de incertidumbre y duda de sí mismos.
La pasión intensa y la inseguridad son una mala mezcla, ya que de ella surge la clase de amor posesivo que ilustra este oscuro mito de forma sumamente, gráfica. Quizá la inseguridad deba existir por ambas partes, porque de otro modo Atis se hubiese liberado y hubiese logrado una vida distinta. Cibeles posee el poder de hacer que él se vuelva loco porque lo necesita en forma absoluta. Él es todavía un niño a nivel psicológico, y no puede soportar estar separado de ella. La dependencia que siente es la de un niño por alguno de sus padres. Cuando prolongamos semejantes sentimientos de dependencia hasta las relaciones de adultos, puede que estemos abriendo la puerta agrandes sufrimientos. A menos que soportemos el estar separados, no podremos resistir a los intentos de otra persona para manipularnos y mantenernos atados, ni podremos reprimirnos de manipular y vincular a otros, a fin de mantenerles cerca de nosotros. Atrapados en semejante red, no podemos vivir nuestra vida con plenitud, sino que tenemos que desprendernos del poder de conformar nuestro propio destino debido a que tenemos miedo de estar solos. Ni Cibeles ni Atis pueden soportar el reto humano fundamental de una existencia emocional independiente. Por lo tanto, no pueden ser amantes que respeten y aprecien la «otredad» de su pareja. Se condenan a un estado psicológico de fusión que genera la repetición cíclica de la traición, el daño, la confusión y la autodestrucción. Este mito nos enseña que no es únicamente la pasión el desencadenante de la tragedia, sino también la inadecuada mezcla de pasión y la incapacidad de permanecer como seres humanos separados.
Los peligros de la posesividad
HE AQUÍ UNA VISIÓN DESOLADA Y SALVAJE DE LA PASIÓN CELOSA LLEVADA AL EXTREMO. LA HISTORIA ES ANTIGUA: EN EL CENTRO DE TURQUÍA, EL CULTO A CIBELES TIENE MÁS
DE SEIS MIL AÑOS DE ANTIGÜEDAD. SIN EMBARGO, EL TEMA ES FRANCAMENTE CONTEMPORÁNEO, YA QUE HABLA DE LAS CONSECUENCIAS TRÁGICAS DEL AMOR POSESIVO. AUNQUE EL AMANTE CELOSO ES AL MISMO TIEMPO LA MADRE EN ESTA HISTORIA, MUCHAS RELACIONES ENTRE ADULTOS IMPLICAN SENTIMIENTOS INCONSCIENTES DE DEPENDENCIA INFANTIL Y DE POSESIYIDAD A NTVEL PATERNO. ES POSIBLE QUE LLEVEMOS A NUESTRA VIDA ADULTA ASUNTOS PENDIENTES CON NUESTROS PADRES, DE FORMA QUE ENCARNEMOS LOS TEMAS PRESENTADOS POR ESTE RELATO HE MODO MÁS SUTIL, PERO PSICOLÓGICAMENTE SIMILAR.
CIBELES, la gran diosa anatolia, creadora de rodos los reinos de la naturaleza, tuvo un hijo a quien puso por nombre Atis. Desde el momento en que este nació, se quedó prendada de su belleza y gracia, y no había nada que no hiciera para lograr su felicidad. A medida que él iba creciendo, pasando de la niñez a la juventud, su amor se iba haciendo más profundo, y, cuando llegó a la virilidad, se lo apropió para convertirse en su amante. Además, lo nombró sacerdote de sus misterios y le obligó a hacer un voto de fidelidad absoluta. En consecuencia, ambos vivieron encerrados en un mundo paradisíaco y sellado, en el que nada podía estropear la perfección del vínculo.
Pero Atis no podía permanecer para siempre alejado del mundo exterior, y uno de sus principales placeres era deambular por las colinas. Cierto día, mientras descansaba bajo las ramas de un enorme pino, levantó la vista y vio a una bella ninfa; se enamoró de ella instantáneamente y la poseyó. Pero nada podía quedar oculto a su madre Cibeles y, cuando se enteró de la infidelidad de su hijo-amante, se sintió presa de unos celos terribles. Golpeó a Atis con delirio frenético, y este, en medio de un arrebato de locura, se castró para asegurarse de que nunca volvería a quebrantar su voto de fidelidad. Cuando se recuperó de su delirio estaba mortalmente herido y fue desangrándose hasta morir en los brazos de Cibeles bajo el pino donde había estado acostado con su amada ninfa. Pero, debido a que Atis era dios, su muerte no fue definitiva. Cada primavera, el joven renace para su madre y pasa la rica y fructífera estación del verano con ella. Al llegar el invierno, cuando el sol alcanza su menor tuerza, muere una vez más y la diosa de la tierra le llora, hasta que al fin llega la primavera siguiente.
COMENTARIO.
No es necesario tomar literalmente el incesto entre Cibeles y Atis. El vínculo intenso entre madre e hijo se presta a muchos sentimientos —sensuales, emocionales y espirituales— y no es raro ni patológico que una madre observe el rostro de su hijo recién nacido y encuentre que el niño es bello. Y tampoco es extraño o patológico que el vínculo entre madre e hijo tenga eco más adelante, cuando un joven o una joven intenten buscar, en los brazos del ser amado, cualidades y respuestas emocionales similares a las experimentadas en los primeros años de su vida. La mayoría de las relaciones amorosas contienen elementos de nutrición y dependencia; es, en definitiva, una cuestión de si también hay lugar en la relación para la igualdad y la separatividad. La tragedia de este mito reside en la posesión absoluta que Cibeles pretende mantener sobre su ser amado. Si bien esto tampoco es raro, si no se reconoce o se contiene la posesión, las consecuencias psicológicas pueden ser profundamente destructivas, tanto en las relaciones de adultos como en los nexos madre-hijo.
Cibeles no puede permitir que Atis sea un compañero de su mismo nivel. Desea que quede ligado únicamente a ella, dependiendo en todo momento de ella, y que sea incapaz de tener su vida propia aparte de la de ella. Podemos apreciar ecos de este patrón de comportamiento en cualquier relación en la que una de las partes —femenina o masculina— se resiente de los intereses y de los amigos de la otra parte. Pueden existir celos del compromiso que la pareja mantiene con su dedicación al trabajo o a la creación; incluso puede haber resentimiento ante el hecho de que la pareja se suma en sus propios pensamientos. Esto no es relación, sino posesión. Semejante posesividad absoluta surge invariablemente de una inseguridad profunda que hace que el individuo se sienta amenazado ante cualquier separatividad existente dentro del vínculo. Y tal inseguridad profunda puede invocar sentimientos intensamente destructivos, especialmente si la persona insegura, al igual que Cibeles, no tiene a nadie excepto a su ser amado.
La venganza de Cibeles ante la infidelidad de Atis —que es, en esencia, un intento por parte de este de establecer una identidad masculina independiente— es llevarlo hasta la castración. Esto presenta una imagen terrible y brutal y, afortunadamente, se limita generalmente al mundo del mito. Pero existen niveles más sutiles de autocastración que pueden presentarse en la vida cotidiana. Si alguien busca socavar la independencia de su pareja por medio del poder del chantaje emocional, esta persona, de hecho, está intentando castrar la fuerza de la pareja en la vida. Y si la pareja lo acepta por su temor de perder la relación, entonces se ha producido, a nivel psicológico, la autocastración de Atis.
La locura de Atis puede vislumbrarse en la confusión que la manipulación psicológica puede crear cuando se le impone a una persona que no es suficientemente consciente o no posee la madurez emocional para ver lo que está sucediendo. Imponer sentimientos de culpa, crítica, manipulación emocional o sexual como estratagema de poder, y procurar el aislamiento de la pareja interfiriendo con amistades e intereses externos, son métodos con los que las Cibeles de hoy en día, hombres o mujeres, pueden llevar a su pareja a un estado de incertidumbre y duda de sí mismos.
La pasión intensa y la inseguridad son una mala mezcla, ya que de ella surge la clase de amor posesivo que ilustra este oscuro mito de forma sumamente, gráfica. Quizá la inseguridad deba existir por ambas partes, porque de otro modo Atis se hubiese liberado y hubiese logrado una vida distinta. Cibeles posee el poder de hacer que él se vuelva loco porque lo necesita en forma absoluta. Él es todavía un niño a nivel psicológico, y no puede soportar estar separado de ella. La dependencia que siente es la de un niño por alguno de sus padres. Cuando prolongamos semejantes sentimientos de dependencia hasta las relaciones de adultos, puede que estemos abriendo la puerta agrandes sufrimientos. A menos que soportemos el estar separados, no podremos resistir a los intentos de otra persona para manipularnos y mantenernos atados, ni podremos reprimirnos de manipular y vincular a otros, a fin de mantenerles cerca de nosotros. Atrapados en semejante red, no podemos vivir nuestra vida con plenitud, sino que tenemos que desprendernos del poder de conformar nuestro propio destino debido a que tenemos miedo de estar solos. Ni Cibeles ni Atis pueden soportar el reto humano fundamental de una existencia emocional independiente. Por lo tanto, no pueden ser amantes que respeten y aprecien la «otredad» de su pareja. Se condenan a un estado psicológico de fusión que genera la repetición cíclica de la traición, el daño, la confusión y la autodestrucción. Este mito nos enseña que no es únicamente la pasión el desencadenante de la tragedia, sino también la inadecuada mezcla de pasión y la incapacidad de permanecer como seres humanos separados.
ECO Y NARCISO
La tragedia del amor narcisista
ESTE TRISTE MITO GRIEGO HABLA DE PASIÓN Y RECHAZO, Y MUESTRA CÓMO LA REPRESALIA Y LA VENGANZA, LEJOS DE OFRECER CONSUELO, TAN SOLO INCREMENTAN LA AGONÍA. Y LO QUE ES MÁS IMPORTANTE, IMPLICA QUE SI NO NOS CONOCEMOS A NOSOTROS MISMOS, PODEMOS PASAR LA VIDA BUSCANDO ESTE CONOCIMIENTO SUMIDOS EN LA AUTOOBSESIÓN, LO QUE SICNIFICA QUE NO SEREMOS CAPACES DE OFRECER AMOR A LOS DEMÁS.
HABÍA una vez un joven llamado Narciso. Su madre, ansiosa por averiguar el destino de su hijo, consultó al adivino ciego Tiresias. «¿Vivirá hasta la ancianidad?», le preguntó.
«Hasta tanto no se conozca a sí mismo», replicó Tiresias. De modo que la madre se aseguró de que el hijo no viera nunca su imagen en el espejo. Al crecer, el chico resultó ser extraordinariamente hermoso y despertaba amor en todos cuantos lo conocían. Aunque nunca había visto su cara, podía adivinar a través de las reacciones ajenas que era bello; pero nunca se sentía seguro, de modo que para ganar confianza y seguridad en sí mismo dependía de que los demás le dijeran cuan bello era. En consecuencia, se convirtió en un joven absorbido por su propia persona.
Un día, Narciso se puso a caminar por el bosque a solas. Ya entonces había provocado tantos halagos que comenzó a creerse que nadie era digno de mirarlo. En el bosque vivía una ninfa llamada Eco. Esta había disgustado a la poderosa diosa Hera por parlotear demasiado; exasperada, Hera le había arrebatado el poder del habla excepto para responder a la voz de otro. E incluso entonces, solo podía repetir la última palabra pronunciada. Eco hacía tiempo que se había enamorado de Narciso, y lo siguió por los bosques esperando que le dijera algo porque, de otro modo, ella no podía hablarle. Pero aquel se hallaba tan envuelto en sus propios pensamientos que no notó que ella lo seguía a todos lados. Finalmente, Narciso se detuvo al lado de una laguna, en un bosque, para apagar su sed, y ella aprovechó la ocasión para sacudir unas ramas y atraer su atención.
—¿Quién está ahí? —gritó él.
—¡Ahí! —regresó la respuesta de Eco.
—¡Ven aquí! —dijo Narciso, bastante irritado.
—¡Aquí! —repitió ella, y corrió desde los árboles, extendiendo sus brazos para abrazarlo.
—¡Vete! —gritó airado—. ¡No puede haber nada entre alguien como tú y el bello Narciso!
—¡Narciso! —suspiró Eco tristemente; y desapareció avergonzada, murmurando una oración silenciosa a los dioses para que este joven orgulloso pudiera algún día saber lo que significaba amar en vano. Y los dioses la oyeron.
Narciso regresó a la laguna para beber y observó el rostro más perfecto que había visto nunca. Instantáneamente se enamoró del impresionante joven que tenía delante. Se sonrió, y el bello rostro le devolvió la sonrisa. Se inclinó hacia el agua y besó los rosados labios, pero su contacto rompió la clara superficie y el bello joven se desvaneció como un sueño. Tan pronto como se retiró y se quedó quieto, la imagen regresó.
—¡No me desprecies de ese modo! —le suplicó Narciso a la imagen—. Soy el que todos los demás aman en vano.
—¡En vano! —gritó Eco desde el bosque con tristeza.
Una y otra vez Narciso se acercó a la laguna para abrazar al bello joven, y en cada ocasión, como si de una burla se tratara, la imagen desaparecía. Narciso pasó horas, días y semanas contemplando el agua, sin comer ni dormir; tan solo murmuraba:
—¡Hay de mí!
Pero las únicas palabras que le llegaban eran las de la infeliz Eco. Por último, su apesadumbrado corazón dejó de latir y quedó frío e inmóvil entre los lirios acuáticos. Los dioses se conmovieron ante la visión de tan bello cadáver y le transformaron en la flor que ahora lleva su nombre.
En cuanto a la pobre Eco, que había invocado semejante castigo en su frío corazón, no obtuvo de su oración nada sino dolor. Se consumió hasta que no quedó nada de ella excepto su voz; e incluso hoy en día solo se le deja decir la última palabra pronunciada.
COMENTARIO.
Hay algunos temas profundos encerrados en este conocido mito. Narciso es un hijo muy querido, y su madre, ansiosa por conocer su futuro, consulta a un adivino cuando todavía es muy pequeño. Este le advierte que, si quiere llegar a la edad madura., no puede conocerse. De modo que su madre, intentando confundir al destino (lo que siempre termina siendo una mala idea), le mantiene protegido e ignorante de todo, ajena al hecho de que de ese modo, ella misma está trazando su destino. Al crecer, Narciso se torna desconsiderado y absorto en sí mismo, debido a que toda su energía la dedica a afirmar su identidad a través de los ojos de los demás. A causa de ser tan bello, todos le perdonan su comportamiento arrogante. Nunca se ha visto a sí mismo. Lo único que sabe es que todos los que lo rodean lo halagan demasiado y, por lo tanto, asume que es mejor y más importante que los demás, con lo que los trata con desdén. Debajo de este desdén hay una profunda dependencia y una corrosiva duda de sí; ¿pues cómo podemos valorarnos si no conocemos quién ni qué somos?
Entonces Eco se enamora de él. La incapacidad de esta para comunicarse la ha convertido en ingenua y vulnerable, pues solo a través de la comunicación podemos llegar a conocer lo que piensan y sienten los demás. Podemos conjeturar que Hera la castigó debido a que hablaba demasiado y escuchaba poco; de modo que, de hecho, nunca podía comunicarse. Eco se enamora de una cara bella; no conoce nada sobre la naturaleza interior del joven. Cuando Narciso la rechaza, provoca en ella crueldad y cólera. Reza por conseguir la venganza; y Narciso es condenado a terminar su vida tan trágicamente como ella. En definitiva, ambos sufren: Narciso por su autoobsesión, y Eco por su ira silenciosa.
Una lección importante que podemos extraer de este mito es que el amor solo puede florecer en una atmósfera en la que prevalezca el entregar sobre el recibir; y esto solo puede ocurrir cuando ambas personas están conscientes de si mismas y son capaces y desean comunicarse. El término «narcisismo» se utiliza en psicología para describir a una persona que es incapaz de relacionarse con alguien distinto a sí misino. Normalmente, este es el resultado de una educación en la que se malogra y se encorseta al niño; nunca se le ve como individuo y, por lo tanto, él nunca aprende a verse a sí mismo. Si no nos valoramos como verdaderas personas, no podremos confiar nunca en el amor de los demás, y menos ofrecerles el nuestro. Este mito nos alerta de que semejante autoobsesión puede conducir a la crueldad, al estancamiento y a la pérdida de todo crecimiento futuro y todo potencial creativo; en otras palabras, a una muerte psicológica.
La inclinación natural del niño a la autoabsorción, moderada por una conciencia creciente de los límites y la comunicación honesta de la familia, darán origen, finalmente, a una autoestima saludable. Todos necesitamos sentirnos especiales v amados, pero siempre con relación a quiénes realmente somos, no con relación a una fantasía idealizada de perfección. Muchas relaciones fracasan o generan gran crueldad e infelicidad porque ninguna de ambas partes han sido nunca amadas como ellas mismas. Han sido niños «divinos», destinados a ser el sueño de sus padres, y adorados por lo que pueden ofrecer para los padres, en lugar de por lo que son en sí mismos. Así sucede que, en la niñez, no han experimentado un reconocimiento auténtico como personas y, en la edad adulta, están buscando constantemente el llenar una terrible sensación interna de vacío suscitando el amor de otros para despues rechazarlo cuando se acuerdan de que carecen de valores. Eco y Narciso son dos caras de la misma moneda, cada uno reflejando la irrealidad del otro.
Las vidas amorosas infelices de muchas «figuras» públicas son testimonios vivientes de este hambre voraz de amor, que está llamado a reemplazar a lo que era una carencia en los primeros años de vida: la sensación de ser real como uno mismo. Es posible que todos tengamos un poco de narcisismo, y es posible que esto nos impulse a sacar el mejor partido de nuestros dones. Pero lo poco se convierte en mucho; y cuando la autoabsorción como defensa contra la vacuidad se apodera de una relación, el amor sale por la ventana.
Cuando nos convertimos en Narciso, no vemos al amante; estamos enamorados de la experiencia embriagante de que alguien está enamorado de nosotros. Es posible que tratemos cruelmente a los demás cuando ese vacío ya conocido se deslice en nuestro interior, a pesar de las afirmaciones del amante, porque puede que temamos que este descubra lo que tememos de nosotros mismos.
Cuando nos convertimos en Eco, nos enamoramos de una imagen idealizada de lo que desearíamos ser, y puede que nos traten cruelmente si tenemos tan poco valor propio que solo podemos hacernos eco del ser amado. La venganza de Eco termina causándole más pesar a sí misma. Ella tampoco crece, sino que queda permanentemente congelada en un estado de amor no correspondido y de ira, que la va consumiendo hasta su extinción. Por desgracia, es probable que todos los abogados matrimoniales hayan oído muchas veces la historia de Eco y Narciso.
La tragedia del amor narcisista
ESTE TRISTE MITO GRIEGO HABLA DE PASIÓN Y RECHAZO, Y MUESTRA CÓMO LA REPRESALIA Y LA VENGANZA, LEJOS DE OFRECER CONSUELO, TAN SOLO INCREMENTAN LA AGONÍA. Y LO QUE ES MÁS IMPORTANTE, IMPLICA QUE SI NO NOS CONOCEMOS A NOSOTROS MISMOS, PODEMOS PASAR LA VIDA BUSCANDO ESTE CONOCIMIENTO SUMIDOS EN LA AUTOOBSESIÓN, LO QUE SICNIFICA QUE NO SEREMOS CAPACES DE OFRECER AMOR A LOS DEMÁS.
HABÍA una vez un joven llamado Narciso. Su madre, ansiosa por averiguar el destino de su hijo, consultó al adivino ciego Tiresias. «¿Vivirá hasta la ancianidad?», le preguntó.
«Hasta tanto no se conozca a sí mismo», replicó Tiresias. De modo que la madre se aseguró de que el hijo no viera nunca su imagen en el espejo. Al crecer, el chico resultó ser extraordinariamente hermoso y despertaba amor en todos cuantos lo conocían. Aunque nunca había visto su cara, podía adivinar a través de las reacciones ajenas que era bello; pero nunca se sentía seguro, de modo que para ganar confianza y seguridad en sí mismo dependía de que los demás le dijeran cuan bello era. En consecuencia, se convirtió en un joven absorbido por su propia persona.
Un día, Narciso se puso a caminar por el bosque a solas. Ya entonces había provocado tantos halagos que comenzó a creerse que nadie era digno de mirarlo. En el bosque vivía una ninfa llamada Eco. Esta había disgustado a la poderosa diosa Hera por parlotear demasiado; exasperada, Hera le había arrebatado el poder del habla excepto para responder a la voz de otro. E incluso entonces, solo podía repetir la última palabra pronunciada. Eco hacía tiempo que se había enamorado de Narciso, y lo siguió por los bosques esperando que le dijera algo porque, de otro modo, ella no podía hablarle. Pero aquel se hallaba tan envuelto en sus propios pensamientos que no notó que ella lo seguía a todos lados. Finalmente, Narciso se detuvo al lado de una laguna, en un bosque, para apagar su sed, y ella aprovechó la ocasión para sacudir unas ramas y atraer su atención.
—¿Quién está ahí? —gritó él.
—¡Ahí! —regresó la respuesta de Eco.
—¡Ven aquí! —dijo Narciso, bastante irritado.
—¡Aquí! —repitió ella, y corrió desde los árboles, extendiendo sus brazos para abrazarlo.
—¡Vete! —gritó airado—. ¡No puede haber nada entre alguien como tú y el bello Narciso!
—¡Narciso! —suspiró Eco tristemente; y desapareció avergonzada, murmurando una oración silenciosa a los dioses para que este joven orgulloso pudiera algún día saber lo que significaba amar en vano. Y los dioses la oyeron.
Narciso regresó a la laguna para beber y observó el rostro más perfecto que había visto nunca. Instantáneamente se enamoró del impresionante joven que tenía delante. Se sonrió, y el bello rostro le devolvió la sonrisa. Se inclinó hacia el agua y besó los rosados labios, pero su contacto rompió la clara superficie y el bello joven se desvaneció como un sueño. Tan pronto como se retiró y se quedó quieto, la imagen regresó.
—¡No me desprecies de ese modo! —le suplicó Narciso a la imagen—. Soy el que todos los demás aman en vano.
—¡En vano! —gritó Eco desde el bosque con tristeza.
Una y otra vez Narciso se acercó a la laguna para abrazar al bello joven, y en cada ocasión, como si de una burla se tratara, la imagen desaparecía. Narciso pasó horas, días y semanas contemplando el agua, sin comer ni dormir; tan solo murmuraba:
—¡Hay de mí!
Pero las únicas palabras que le llegaban eran las de la infeliz Eco. Por último, su apesadumbrado corazón dejó de latir y quedó frío e inmóvil entre los lirios acuáticos. Los dioses se conmovieron ante la visión de tan bello cadáver y le transformaron en la flor que ahora lleva su nombre.
En cuanto a la pobre Eco, que había invocado semejante castigo en su frío corazón, no obtuvo de su oración nada sino dolor. Se consumió hasta que no quedó nada de ella excepto su voz; e incluso hoy en día solo se le deja decir la última palabra pronunciada.
COMENTARIO.
Hay algunos temas profundos encerrados en este conocido mito. Narciso es un hijo muy querido, y su madre, ansiosa por conocer su futuro, consulta a un adivino cuando todavía es muy pequeño. Este le advierte que, si quiere llegar a la edad madura., no puede conocerse. De modo que su madre, intentando confundir al destino (lo que siempre termina siendo una mala idea), le mantiene protegido e ignorante de todo, ajena al hecho de que de ese modo, ella misma está trazando su destino. Al crecer, Narciso se torna desconsiderado y absorto en sí mismo, debido a que toda su energía la dedica a afirmar su identidad a través de los ojos de los demás. A causa de ser tan bello, todos le perdonan su comportamiento arrogante. Nunca se ha visto a sí mismo. Lo único que sabe es que todos los que lo rodean lo halagan demasiado y, por lo tanto, asume que es mejor y más importante que los demás, con lo que los trata con desdén. Debajo de este desdén hay una profunda dependencia y una corrosiva duda de sí; ¿pues cómo podemos valorarnos si no conocemos quién ni qué somos?
Entonces Eco se enamora de él. La incapacidad de esta para comunicarse la ha convertido en ingenua y vulnerable, pues solo a través de la comunicación podemos llegar a conocer lo que piensan y sienten los demás. Podemos conjeturar que Hera la castigó debido a que hablaba demasiado y escuchaba poco; de modo que, de hecho, nunca podía comunicarse. Eco se enamora de una cara bella; no conoce nada sobre la naturaleza interior del joven. Cuando Narciso la rechaza, provoca en ella crueldad y cólera. Reza por conseguir la venganza; y Narciso es condenado a terminar su vida tan trágicamente como ella. En definitiva, ambos sufren: Narciso por su autoobsesión, y Eco por su ira silenciosa.
Una lección importante que podemos extraer de este mito es que el amor solo puede florecer en una atmósfera en la que prevalezca el entregar sobre el recibir; y esto solo puede ocurrir cuando ambas personas están conscientes de si mismas y son capaces y desean comunicarse. El término «narcisismo» se utiliza en psicología para describir a una persona que es incapaz de relacionarse con alguien distinto a sí misino. Normalmente, este es el resultado de una educación en la que se malogra y se encorseta al niño; nunca se le ve como individuo y, por lo tanto, él nunca aprende a verse a sí mismo. Si no nos valoramos como verdaderas personas, no podremos confiar nunca en el amor de los demás, y menos ofrecerles el nuestro. Este mito nos alerta de que semejante autoobsesión puede conducir a la crueldad, al estancamiento y a la pérdida de todo crecimiento futuro y todo potencial creativo; en otras palabras, a una muerte psicológica.
La inclinación natural del niño a la autoabsorción, moderada por una conciencia creciente de los límites y la comunicación honesta de la familia, darán origen, finalmente, a una autoestima saludable. Todos necesitamos sentirnos especiales v amados, pero siempre con relación a quiénes realmente somos, no con relación a una fantasía idealizada de perfección. Muchas relaciones fracasan o generan gran crueldad e infelicidad porque ninguna de ambas partes han sido nunca amadas como ellas mismas. Han sido niños «divinos», destinados a ser el sueño de sus padres, y adorados por lo que pueden ofrecer para los padres, en lugar de por lo que son en sí mismos. Así sucede que, en la niñez, no han experimentado un reconocimiento auténtico como personas y, en la edad adulta, están buscando constantemente el llenar una terrible sensación interna de vacío suscitando el amor de otros para despues rechazarlo cuando se acuerdan de que carecen de valores. Eco y Narciso son dos caras de la misma moneda, cada uno reflejando la irrealidad del otro.
Las vidas amorosas infelices de muchas «figuras» públicas son testimonios vivientes de este hambre voraz de amor, que está llamado a reemplazar a lo que era una carencia en los primeros años de vida: la sensación de ser real como uno mismo. Es posible que todos tengamos un poco de narcisismo, y es posible que esto nos impulse a sacar el mejor partido de nuestros dones. Pero lo poco se convierte en mucho; y cuando la autoabsorción como defensa contra la vacuidad se apodera de una relación, el amor sale por la ventana.
Cuando nos convertimos en Narciso, no vemos al amante; estamos enamorados de la experiencia embriagante de que alguien está enamorado de nosotros. Es posible que tratemos cruelmente a los demás cuando ese vacío ya conocido se deslice en nuestro interior, a pesar de las afirmaciones del amante, porque puede que temamos que este descubra lo que tememos de nosotros mismos.
Cuando nos convertimos en Eco, nos enamoramos de una imagen idealizada de lo que desearíamos ser, y puede que nos traten cruelmente si tenemos tan poco valor propio que solo podemos hacernos eco del ser amado. La venganza de Eco termina causándole más pesar a sí misma. Ella tampoco crece, sino que queda permanentemente congelada en un estado de amor no correspondido y de ira, que la va consumiendo hasta su extinción. Por desgracia, es probable que todos los abogados matrimoniales hayan oído muchas veces la historia de Eco y Narciso.
Pasión y rechazo
La pasión sexual está representada en el mito como una fuerza más poderosa que cualquier otra, capaz de impulsar a los seres humanos y a los dioses a realizar acciones contra su voluntad que, a menudo, acaban en tragedia.
Los griegos lo atribuyeron a la intervención de la diosa Afrodita, que, mortificando a los seres humanos con pasiones incontrolables, podía llevar la locura y la destrucción a quienes la habían ofendido. No obstante, la pasión en sí misma, no se la representa como una fuerza negativa o inmoral.
Se la asocia a la fortaleza, al coraje, a la potencia sexual y a la respuesta del alma ante la belleza; refleja el poder y la tenacidad de la fuerza vital misma; y debido a que es inspirada por Dios, es sagrada. El mito nos enseña que es el modo en que los mortales persiguen sus pasiones, y el grado en el que la pasión ofusca a la conciencia, los verdaderos orígenes del daño, del rechazo e incluso de la catástrofe.
La pasión sexual está representada en el mito como una fuerza más poderosa que cualquier otra, capaz de impulsar a los seres humanos y a los dioses a realizar acciones contra su voluntad que, a menudo, acaban en tragedia.
Los griegos lo atribuyeron a la intervención de la diosa Afrodita, que, mortificando a los seres humanos con pasiones incontrolables, podía llevar la locura y la destrucción a quienes la habían ofendido. No obstante, la pasión en sí misma, no se la representa como una fuerza negativa o inmoral.
Se la asocia a la fortaleza, al coraje, a la potencia sexual y a la respuesta del alma ante la belleza; refleja el poder y la tenacidad de la fuerza vital misma; y debido a que es inspirada por Dios, es sagrada. El mito nos enseña que es el modo en que los mortales persiguen sus pasiones, y el grado en el que la pasión ofusca a la conciencia, los verdaderos orígenes del daño, del rechazo e incluso de la catástrofe.
Introducción a "El amor y las relaciones"
El amor, como se suele decir, hace que el mundo gire. La cantidad de mitos que hablan de pasión y de repulsión, de matrimonio y separación, de amor y rivalidad, de fidelidad sexual y de infidelidad, y el poder trascendente de la compasión, subraya la importancia central del amor en nuestras vidas.
No existe ninguna variante en el tema de las relaciones que no se pueda encontrar en la mitología mundial. Y, debido a que las relaciones humanas son tan complejas, la moralidad que el mito presenta es igualmente multifacética.
No hay mayor rompecabezas que el misterio del porqué las personas se sienten atraídas o repelidas entre sí; y a menudo buscamos respuestas sencillas a preguntas que requieren una expansión del alma, incluso para formularlas apropiadamente. Los amores y tristezas de los mitos se presentan en muchas formas y colores, y además son ostensiblemente exóticas. Pero, a pesar del hecho de que algunas de estas historias pueden desafiar muchos de nuestros supuestos morales sobre las relaciones, los mitos relativos al amor también pueden ofrecer solaz en nuestra infelicidad, guía para nuestros dilemas y una intuición sumamente necesaria sobre la razón por la que creamos los dilemas de nuestra vida personal.
El amor, como se suele decir, hace que el mundo gire. La cantidad de mitos que hablan de pasión y de repulsión, de matrimonio y separación, de amor y rivalidad, de fidelidad sexual y de infidelidad, y el poder trascendente de la compasión, subraya la importancia central del amor en nuestras vidas.
No existe ninguna variante en el tema de las relaciones que no se pueda encontrar en la mitología mundial. Y, debido a que las relaciones humanas son tan complejas, la moralidad que el mito presenta es igualmente multifacética.
No hay mayor rompecabezas que el misterio del porqué las personas se sienten atraídas o repelidas entre sí; y a menudo buscamos respuestas sencillas a preguntas que requieren una expansión del alma, incluso para formularlas apropiadamente. Los amores y tristezas de los mitos se presentan en muchas formas y colores, y además son ostensiblemente exóticas. Pero, a pesar del hecho de que algunas de estas historias pueden desafiar muchos de nuestros supuestos morales sobre las relaciones, los mitos relativos al amor también pueden ofrecer solaz en nuestra infelicidad, guía para nuestros dilemas y una intuición sumamente necesaria sobre la razón por la que creamos los dilemas de nuestra vida personal.
LA BUSQUEDA ESPIRITUAL




El doctor Fausto.
A lo largo de milenios, la búsqueda espiritual ha proporcionado uno de los más temas importantes para la literatura y el arte, porque dentro del alma humana existe un movimiento irreprimible que no cesa de aspirar a algo superior a sí misma, ni abandona nunca su creencia de que algo eterno sobrevive más allá de la muerte de! Cuerpo.
Quizá esta sea la mayor diferencia entre los seres humanos y los demás ¡animales con los que compartimos el planeta. Pero semejante búsqueda no es un simple deseo de servir a Dios. Puede implicar también una búsqueda de conocimiento, no solo de conocimiento de lo divino expresado en términos religiosos convencionales, sino también de la clase de conocimiento de las leyes que subyacen en la realidad, que los más grandes científicos y psicólogos del mundo persiguen.
La búsqueda del conocimiento puede llevarnos por caminos oscuros o bien por caminos iluminados por la luz solar, y puede revelarnos tanto el mal como el bien que subyace en nuestro interior. Este mito trata de esa búsqueda espiritual, e implica una autoconfrontación que pone muy de manifiesto la profunda paradoja de luz y oscuridad que se oculta cu el núcleo del alma humana.
El bien es incomprensible sin el mal. Dentro del mito, no hay mejor lugar donde quede representada la misteriosa batalla entre el bien y el mal en el interior del alma humana que en la historia del doctor Fausto. La gran tragedia de Marlowe, la trágica historia del doctor Fausto, y el sublime poema épico de Goethe, Fausto, están basados en el relato medieval de un hombre cuya búsqueda espiritual lo condujo
finalmente a vender su alma al diablo. Su reconocimiento final de la aridez de los placeres terrenales y su redención última por medio del remordimiento y de la compasión siguen siendo una poderosa imagen de la necesidad de comprender tanto la oscuridad como la luz a fin de hallar la paz interior.
Había una vez, un destacado filósofo y estudiante de teología conocido como el doctor Fausto. Pero las enseñanzas que filósofos y teólogos ofrecían sobre la naturaleza de Dios y sobre el significado de la vida no eran suficientes para satisfacer su intelecto inquisitivo. Y lo que es más, su orgullo era tan grande como su conocimiento, y deseaba descubrir las repuestas a los grandes misterios de la vida mediante su propio esfuerzo, en lugar de recibirlo de quienes secretamente despreciaba.
Así podía atribuirse todo el mérito. De modo que, al cabo del tiempo, el doctor Fausto abandonó su teología y se hizo estudiante de magia hermética, pues tenía la esperanza de hallar el secreto de la vida en los experimentos alquímicos y en el conocimiento prohibido de la magia y de la brujería transmitido desde los antiguos egipcios.
Sin embargo, incluso estas investigaciones prohibidas no pudieron enseñarle todo lo que deseaba saber, por lo que quedó sumido en una profunda melancolía entonces invocó en su desesperación a los espíritus infernales. En respuesta a su llamada apareció misteriosamente un perro negro en el estudio del erudito que después se metamorfoseó en una extraña figura que se presentó como Mefistófeles, el espíritu del mal y de la negación. Este personaje estaba siempre al acecho de las almas humanas que pudiera ganar para las tinieblas, engañando así a Dios; y Fausto deseaba el conocimiento de Mefistófeles respecto a los secretos de la vida y la naturaleza de lo divino.
De modo que establecieron un pacto entre ambos, sellado con sangre, en el que Mefistófeles convenía en servir a fausto en este mundo, en tanto que Fausto accedía a servir a Mefistófeles en el otro. Mefistófeles sabía muy bien cuál seria el precio que Fausto pagaría, pero el filósofo todavía no había comprendido que lo que estaba empeñando para toda la eternidad era su alma mortal.
Durante algún tiempo, Fausto se sintió emocionado por la magia y los misterios que Mefistófeles le mostraba, y creía que por fin estaba acercándose al conocimiento de los secretos de Dios, pero el oscuro espíritu de la negación erosionó gradualmente la voluntad del erudito y lo embaucó para que desarrollara una sensualidad y un orgullo cada vez mayores, hasta llegar a perder todo sentido de búsqueda espiritual. Fausto deseaba a una joven llamada Gretchen, a quien Mefistófeles incitó a caer en manos del filósofo.
Fausto la dejó embarazada y, cuando la abandonó, ella se volvió loca y, desesperada, mató a su hijo, siendo ejecutada por su crimen. Dándose cuenta de la terrible destrucción que había causado en una vida humana inocente, Fausto sintió un profundo y amargo remordimiento. Pues, aunque estaba en las manos de Mefistófeles, había comenzado a amar a la joven sinceramente, prueba de que en su alma había una parte que se había mantenido libre de corrupción. Y esto no lo había anticipado Mefistófeles, ya que el poder de redención del amor no era algo conocido para el espíritu de negación.
Pero era tanto el poder que Mefistófeles ejercía sobre Fausto que, durante muchos años, el filósofo se sumió en el placer sensual y penetró en todo los misterios secretos. Aprendió todo lo que deseaba saber. Y comprendió las gloriosas alturas del cielo y las tenebrosas entrañas del inframundo. Sin embargo, el remordimiento que sentía por la muerte de Gretchen crecía dentro de él como un cáncer y, a pesar de su corrupción, algo en su interior continuaba anhelando la luz.
Mientras Fausto iba haciéndose viejo, Mefistófeles esperaba con paciencia y satisfacción, pues pronto llegaría el momento en el que el filósofo se enfrentaría a la muerte y su alma pertenecería a las tinieblas. Pero en el último momento, cuando por fin Fausto se percató de las verdaderas consecuencias del pacto que había hecho, se sintió tan lleno de remordimiento, de amor y de sufrimiento, que su alma se escapó de las garras de Mefistófeles y fue conducida finalmente a las esferas celestiales.
Comentario.
La historia del doctor Fausto es una metáfora mítica de la lucha de todo ser humano por encontrar la luz en medio de las tinieblas. Fausto constituye un paradigma, un ejemplo, de nuestro mundo interior, lleno de conflicto entre nuestros deseos egocéntricos y el anhelo de servir a algo más elevado y más grande que nosotros mismos. Aunque el mito original tiene sus raíces en el cristianismo medieval y, por lo tanto, presenta el bien y el mal de un modo más bien simplista, no obstante, el mensaje trasciende cualquier doctrina religiosa específica, en particular si esta se comprende psicológicamente.
Fausto es el símbolo del espíritu inquisitivo que hay dentro de cada ser humano, con la suficiente valentía e individualismo como para rechazar el dogma ofrecido por las autoridades religiosas convencionales, y, no obstante, peligrosamente arrogante al asumir que puede desafiar la moralidad humana fundamental en nombre del conocimiento.
Podemos condenar a Fausto por su codicia y arrogancia, y al mismo tiempo admirarlo por su valentía y por su voluntad de arriesgar su alma con el fin de penetrar hasta el corazón de los misterios de la vida. He aquí la profunda paradoja del bien y del mal, pues a fin de comprender el bien, debemos reconocer el mal; y para llegar a este reconocimiento debemos descubrirlo primero en la secreta oscuridad de nuestro propio corazón.
La desilusión de Fausto con las propuestas filosóficas y teológicas convencionales reflejan el dilema de un brillante intelecto que no puede limitarse a “creer” porque le piden que lo haga. La búsqueda espiritual, si se la siente sinceramente, no surge de una aceptación pueril de creencias, sino de la desilusión y del profundo deseo de comprender las paradojas de la vida.
Muchas personas no pasan de una creencia infantil, porque no están preparadas para recibir un conocimiento más firme y porque, también, es más cómodo recibir respuestas simples a los dilemas espirituales y morales. Y mientras estas personas no se arriesguen a correr ningún peligro en su interior, nunca podrán comprender en verdad lo que es la vida, ni encontrarán paz cuando se vean enfrentadas a las preguntas sin respuesta derivadas del sufrimiento injusto.
Muchas de las más grandes religiones del mundo condenan ese cuestionamiento, como lo hacía la iglesia medieval en los tiempos de Fausto. El cuestionamiento implica peligro, pero a la vez abre un potencial para una verdadera experiencia del alma y del mundo interior.
El poder corrompe; éste es un hecho no menos verdadero en el plano espiritual que en el material. El nuevo poder de Fausto lo empuja más allá de los límites morales y es insensible a la destrucción que inflige a Gretchen. Sin embargo, la ama, y no puede ignorar por completo lo que ha hecho. Y esta pequeña semilla de remordimiento, nacida de la compasión, es finalmente la que le permite engañar al Diablo y lograr el perdón y la redención. Esto explica que no son las “buenas obras” las que lo salvan, sino el hecho de que, a pesar de estar hundido en el orgullo y en la sensualidad, de estar hundido en la propia miseria, todavía es capaz de amar y de sentir remordimiento.
Se nos dice que hemos de ser “buenos” con nuestras acciones para ser aceptables a los ojos de Dios. Sin embargo, la historia de Fausto nos enseña que la bondad está relacionada con la definición de ética adoptada por una sociedad determinada en cualquier época de la Historia. Amor y remordimiento, sin embargo, no están confinados a las doctrinas de una cultura o religión específicas. Ellos nos permiten saborear la luz y la oscuridad y, de alguna manera, conservar la integridad del alma.
Es posible que cualquier búsqueda espiritual honesta nos haga descubrir nuestro propio potencial para el mal y la destrucción, y que solo a través del enfrentamiento con ellos, y quizá incluso sintiendo durante algún tiempo que somos irredimibles —nuestro propio “pacto con el diablo”—, podamos experimentar lo que se puede llamar gracia. Aunque el término gracia es cristiano, este no se limita al cristianismo; es una misteriosa liberación interior que surge desde dentro y que da sentido no sólo a nuestra bondad, sino también a nuestra maldad.
Por eso el mito del doctor Fausto no es el simple relato moralizador que puede parecer en un principio. Se trata de un viaje interior y, como sucede con todos los mitos al mirarlos a nivel psicológico, los personajes que aparecen están dentro de nosotros. Fausto y Mefistófeles son dos caras de la misma moneda, y reflejan dos dimensiones del ser humano. Al espíritu de negación —que todos podemos experimentar cuando unos vemos la vida carente de valor y otros como insignificante— podemos hallarlo en cada uno de nosotros. Podemos invocar al Mefistófeles que llevamos dentro cada vez que nos sintamos desilusionados de la vida.
Pero este no es solo el Diablo. En el gran drama de Goethe, Mefistófeles le dice a Fausto: “Soy el espíritu que desea siempre el mal y, no obstante, hace siempre el bien”. A través de la intervención de nuestra oscuridad interior es como podemos finalmente hallar el camino hacia la luz.
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